El día que me consideraron “Chanta”

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Una vez me trataron de chanta*. La persona que lo hizo no me conocía, no tenía idea de si sus prejuicios eran reales o no. Lo único que vio de mi trabajo era un afiche que creé con mucho esfuerzo e ilusión y que compartí en un grupo de emprendedores por Facebook.

*Chanta en Chile se refiere a la persona que no es de confiar, mentirosa, estafadora...

El primer comentario que me llego fue de un tipo que cuestionó mi profesionalismo solo porque mi cuenta de correo que colocaba como contacto era GMAIL y no corporativa. En ese entonces llevaba solo un par de meses emprendiendo y por lo que pueden suponer, aún no tenía mi página web armada…

¡Menos tendría un mail corporativo! 

Pero ese comentario no fue el que me dejó llorando esa misma tarde. A este tipo le respondí bien y creo que el entendió que el asunto no tenía mucho que ver.

Luego llegó otro tipo a comentar y ese fue un poco más ofensivo. Pregunté en un grupo de marketeros venezolanos y colombianos, al que yo pertenecía para aprender, y como dragones se fueron a defenderme a ese post. Sin embargo, uno de ellos me escribe y me muestra un pantallazo: El tipo más ofensivo había compartido mi afiche con el comentario: “HAY TANTO CHANTA EN ESTE PAÍS”.

Y así, sin previo aviso, había sido juzgada de chanta sin siquiera tener la oportunidad de demostrar lo contrario.

De rabia, compartí ese pantallazo en el grupo y me desahogué. Muchos criticaron mi actuar diciendo que si no sabía manejar comentarios como este poco éxito tendría como Community Manager; otros me ofrecieron ayuda para poder tener mi página web, diseños mejores y hasta el famoso mail corporativo (Los que me dieron su apoyo fueron la mayoría y eso me dejó muy feliz)

Pero lloré, lloré toda la tarde. Lloraba de rabia. Me había sacado la cresta tanto para llegar a donde estaba, para aprender todo lo posible y ponerme a trabajar independiente ¿Para que llegara un tipo desconocido (Y con indicios de problemas de personalidad ¡digámoslo!) a decirme ¡¡¡CHANTA!!!?

Luego de patalear y llorar como una niña me di cuenta de que este mundo iba a estar lleno de personas que me iban a juzgar sin conocerme o que no les gustaría mi trabajo; O me acostumbro y me hago fuerte o me hundo.

Miré a mi hija Ema, que tenía casi un año en ese entonces, y me di cuenta de que ella era lo que me motivaba a seguir adelante. Ella era la energía que necesitaba cada día para estudiar y prepararme. Ella era la luz que me encendía el corazón para ir con todo. Así que como ella era la mayor motivación de mi vida me dije: “Pelu, que tus motivaciones sean más grandes que las críticas” … y seguí.

Ya han pasado más de dos años de esta anécdota, pero me gusta recordarla cada cierto tiempo.

Recuerda: TUS MOTIVACIONES SON MÁS GRANDES QUE CUALQUIER COMENTARIO MAL INTENCIONADO O CRITICA…. ¡NO VIENES A PASAR PIOLA!

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